16 nov. 2011

Capítulo #11

-¡Eunize!, ¡Eunize! Despierta... ¡Profesora! - gritó aterrorizada Airanne.
-¿Qué pasa joder? - llegó sofocado Yael.
-Eunize... cayó en rotundo de repente, estabamos hablando y... ¡Profesora!
Se formó todo un corral al rededor de Eunize.
Unos realmente preocupados otros, simplemente por el morbo de la curiosidad.
-Joder, llamad a alguien - gritó al aire Yael.
-Eh, que pasa aquí - al fin llegó el profesor.
-Ella, parece que se desmayó.
-Una ambulancia, rápido.
Todos sus amigos estaban histéricos, y los segundos le parecían años.
Acompañaron a Eunize en la ambulancia:
Yael, Airanne y Robert.

En el camino al hospital todos estaban nerviosos.
Airanne se atrevió a decir lo que todos pensaban:
-Doctor, se pondrá bien, ¿verdad?
-De momento está fuera de peligro, pero... aún está inconsciente. No sabemos lo que le puede pasar, le haremos algunas pruebas, quizás esté ingresada unos días, pero tranquilos... - los calmó el asistente de ambulancia - bueno, supongo que deberíais llamar a algún familiar de esta chica, a su madre, o a su padre...
-Verá, su madre... no está en casa, y es casi imposible de localizar, y su padre... no estoy segura de que pueda venir...
Segundos después un llanto rompió por completo el silencio. Robert abrazó a su chica, pero... no era ella. Era Yael.
-Todo ha sido por mi culpa, no tenía que haberle... Lo siento Airanne.
Las palabras salían entrecortadas de la boca de Yael, las lágrimas no le dejaban continuar.
Antes de que terminase la frase, ya habían llegado al hospital y los médicos corrían para atender a Eunize.

12 nov. 2011

Tanto que pensar y tampoco que hacer... 
El corazón latiendo a dosmil por hora, las piernas temblando y los ojos derrochando lagrimas.
Esa era mi imagen aquel día, perdida en un mundo tan extraño.

Solo espero...

No espero que vuelvas con tu linda mirada, no espero que me sonrías y que me digas que me amas.
Solo espero que algún día entiendas todo lo que he sufrido yo por tí y que comprendas que no solo fue un juego de adolescentes, que pudo ser una bellísima historia por escribir.

3 nov. 2011

Capitulo #10


Llegó el momento de contarle todo lo que siento a Yael.
No aguanto más pasar por su lado y desviar la mirada, para que no se dé cuenta que me iluminan los ojos, para que no sepa que me sonrojo al verlo, para que no se entere que cuando lo abrazo, vivo un sueño.
Es el fin de este amor en secreto, a partir de mañana todo cambiará.- Escribió Eunize en su diario.
Y, así fue… al siguiente día, tenían una cena de alumnos.
Iban todos los de cuarto curso.
Eunize estuvo horas y horas preparándose para la gran fiesta, en la que debía decirle a Yael lo mucho que lo amaba.
No era una fiesta normal…
No iban todos con trajes de gala, si no… que debían ir disfrazados.
Eunize, pensó en algo original. ¿Qué podía ponerse para que no la reconocieran?
Al fin encontró todo lo necesario para marcharse y deslumbrar a todos.
Llegó sola, en un coche negro bastante nuevo.
Salió de él y todos se quedaron mirándola, iba hermosa e irreconocible.
El día anterior había ido a la peluquería, y había cambiado totalmente el look, llevaba una pequeña máscara que le tapaba los ojos, y un vestido rojo.
Nadie podía imaginarse que aquella chica era Eunize, la misma que dos días antes estaba en la clase atendiendo a las palabras del profesor, y hoy… allí delante de toda aquella multitud, despampanante y bastante diferente.
-¡Quién es aquella chica!- se preguntaban todos.  Sin embargo, nadie, absolutamente nadie descubrió su identidad.
Llegó la hora de entrar a la fiesta, Eunize esperó hasta que todos entrasen y así podría ver llegar a Yael.
-Allí está, ya entró… Adelante Eunize, demuestra toda tu valentía- pensó para sí misma.
Entró en la fiesta, y todo aquello… le recordó al cuento de la Cenicienta cuando todos los invitados se apartaban y le hacían camino hasta el príncipe.
Pero, en aquel cuento, su cuento… Todas las chicas, la miraban, criticaban, ¡Envidiaban!
Y, los chicos, simplemente la adoraban.
Efectivamente, como ella pensó nadie la había reconocido, nadie excepto Yael.
Yael se acercó a Eunize, simplemente para aclarar sus dudas.
-¿Eunize? Eres tú verdad.
-Yael… ¿Cómo?
-Siempre reconocería a alguien como tú.
-Pero, si…
No terminó de decir la frase cuando estaba en los brazos de Yael y besándolo.